Por Esteban Garaiz.
Debe haber sido 1975. Mi compañero y
amigo Adelor Gómez Flores y yo fuimos a visitar al venerado maestro Carlos
Pellicer, tío de mi querida comadre Irma Pellicer (que en paz descanse).
Vivía en una modesta casa, y un poco
venida a menos, de las antiguas de las Lomas de Chapultepec, de antes del auge
de las mansiones de lujo.
Saludamos ahí a Andrés Manuel López
Obrador, que terminaba su carrera de Ciencias Políticas en la UNAM y coordinaría
la campaña del querido maestro al Senado de la República. Don Carlos había
puesto como condición ser el “Senador de los Chontales”. El PRI, por supuesto,
había dicho que sí.
Adelor y yo también éramos priístas:
de los de la erre. Adelor, indiscreto me había asomado a la puerta del cuarto
del maestro. Era una auténtica celda franciscana: paredes blancas desnudas, una
estrecha cama de latón, con un cristo en la cabecera. Nada más.
El orgullo de la casa, y del poeta
era su nacimiento. Ocupaba todo un cuarto en la planta baja; quizá unos 6 por 4
metros. Pellicer estaba arreglando el arroyito y el puente.
El maestro era profundamente
religioso. Se proclamaba cristiano y socialista; admirador de la gloriosa cultura
olmeca: la que usó y escribió el cero dos mil años antes que los europeos.
Nieto de revolucionario; enamorado de Tabasco, su tierra; o como él prefería
decir: su agua. Andrés Manuel: su discípulo. Nosotros: sus seguidores.
Adelor,
como muchos otros tabasqueños, no tenía nombre cristiano. Tenía nombre de
botella de vino: A. Delor era una marca de alguno de los vinos que llegaban
antes a Tabasco de regreso de Francia en los barcos que llevaban cacao para
allá. Decía bromeando que él no tenía árbol genealógico. Tenía botella
genealógica. En efecto conservaba en su casa una botella de A. Delor, cosecha
1942, su año de nacimiento.
Adelor, ateo se decía padrino de mi
hijo Jorge, tabasqueño como él. Era, pues, mi compadre. Jorge nació en Tabasco
en los tiempos de 1970 y más, cuando trabajábamos en la organización ejidal y
social de los campesinos de los campesinos de la Chontalpa. Jorge es Geourgos
en griego, o sea: cultivador de la tierra.
Mañana 16 de febrero se cumplen 40
años de la muerte del querido maestro Carlos Pellicer Cámara, que tanto hizo
por los jóvenes tabasqueños estudiantes de “su agua”.
Al salir de la casa del poeta, me
contó Adelor una anécdota reciente entonces. Resulta que en Villahermosa a
donde iba seguido a visitar el Parque – museo La Venta, donde había recolocado
las gigantescas piezas de la cultura olmeca, se le acercó el reportero Miguel
Cantón Zetina, uno de varios hermanos con fama pública de no mucha integridad.
Le puso a Pellicer el micrófono en la
boca, con no mucho comedimiento, y bruscamente le espetó: “Maestro: dicen que
es usted homosexual. ¿qué tiene que decir?.
Sin perder en ningún momento la
serenidad, le contestó con el vozarrón que lo caracterizaba: “Ponga usted en su
periódico que estoy retirado”. Se terminó la entrevista.
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